¿Qué revela Groenlandia sobre los 4.000 años de contaminación humana por mercurio

Groenlandia revela en un núcleo de hielo de 1.250 metros que la contaminación humana por mercurio empezó hace unos 4.000 años, se aceleró desde 1840 y obliga a revisar modelos ambientales.

Groenlandia vuelve a situarse en el centro de la ciencia climática después de que un núcleo de hielo extraído a 1.250 metros de profundidad haya revelado una señal química que cambia la escala histórica de la contaminación humana: las emisiones de mercurio atribuibles a actividades humanas no comenzaron con las fábricas modernas, sino hace unos 4.000 años, durante la Edad de Bronce, según un estudio internacional publicado en Science Advances y recogido por BCN24, citando a medios científicos y al CSIC. 

El hallazgo es relevante porque convierte el hielo del este de Groenlandia en un archivo atmosférico de casi todo el Holoceno, la época geológica iniciada hace unos 11.700 años. Cada capa del núcleo conserva partículas depositadas desde la atmósfera y permite reconstruir cómo variaron las concentraciones de mercurio por causas naturales, como erupciones volcánicas, y por causas humanas, como la metalurgia antigua, la minería, la quema de combustibles y la industrialización. La investigación no afirma que las sociedades de la Edad de Bronce contaminaran como una economía industrial, pero sí demuestra que sus actividades ya eran capaces de dejar una huella detectable a miles de kilómetros de distancia.

Groenlandia conserva un registro de mercurio de 12.000 años

El estudio se basa en un núcleo de hielo obtenido en el este de Groenlandia y analizado con una resolución temporal inusual: las muestras representan periodos de aproximadamente cinco años a lo largo de miles de años. Esa precisión permite observar no solo grandes tendencias, sino también cambios graduales asociados a transformaciones humanas y episodios naturales concretos. Los autores identifican el registro como una de las reconstrucciones más largas y detalladas de acumulación de mercurio en hielo groenlandés durante el Holoceno. La publicación científica aparece firmada por investigadores vinculados, entre otros centros, a la Universidad de Manitoba, la Universidad de Copenhague, el Instituto de Química Física Blas Cabrera del CSIC y centros italianos de investigación. 

La clave está en que el mercurio puede viajar largas distancias en la atmósfera antes de depositarse sobre nieve, océanos o continentes. Cuando cae sobre la superficie helada, queda atrapado en capas sucesivas que, con el paso del tiempo, forman una cronología química. Por eso un punto remoto de Groenlandia puede conservar señales procedentes de volcanes, cambios climáticos, minería antigua o emisiones industriales generadas muy lejos del Ártico. La lectura de ese archivo no es directa ni simple: los investigadores tuvieron que separar los picos naturales de los incrementos compatibles con actividad humana.

La Edad de Bronce aparece como el primer gran indicio humano

La conclusión más llamativa es que las emisiones antrópicas de mercurio comenzaron al menos durante la Edad de Bronce, hace alrededor de 4.000 años. Ese periodo coincide con una expansión de tecnologías metalúrgicas, especialmente el refinado de minerales de cobre y estaño, procesos que podían liberar mercurio presente como impureza en algunos minerales. El estudio también apunta al cinabrio, un mineral rico en mercurio utilizado como pigmento rojo y con usos rituales o medicinales en distintas culturas antiguas. En la península ibérica se han documentado niveles elevados de mercurio en restos humanos de contextos funerarios, lo que refuerza la hipótesis de un uso amplio del cinabrio en aquella época. 

La importancia de esta señal no está solo en su antigüedad, sino en su alcance atmosférico. Para quedar registrada en el hielo de Groenlandia, la contaminación tuvo que desplazarse por el hemisferio norte y mezclarse con la circulación atmosférica global. Esto sugiere que algunas actividades preindustriales, aunque localizadas, ya tenían una dimensión ambiental mayor de lo que se asumía. No se trata de equiparar la Edad de Bronce con la Revolución Industrial, sino de corregir una idea demasiado simple: la historia de la contaminación humana no empieza en el siglo XIX, sino mucho antes.

Del siglo XIII a 1840: cuándo se acelera la contaminación

Los datos muestran que la acumulación de mercurio no permaneció estable después de la Edad de Bronce. Según la reconstrucción, los niveles registrados en el hielo de Groenlandia aumentaron de forma progresiva y se multiplicaron por 2,7 desde el siglo XIII. Ese incremento apunta a una intensificación de actividades mineras, metalúrgicas y comerciales en el mundo premoderno. Más tarde, a partir de 1840, la señal se multiplicó por 7,4, en línea con la expansión industrial, la combustión de carbón y el crecimiento de la metalurgia a gran escala. 

La fecha de 1840 es especialmente significativa porque sitúa la aceleración más fuerte en el contexto de la Revolución Industrial. A partir de ese momento, la quema masiva de combustibles fósiles y la producción industrial aumentaron la liberación de metales tóxicos a la atmósfera. El hielo permite ver esa transición con claridad: una contaminación antigua, detectable pero limitada, se convierte en una señal mucho más intensa. La investigación, por tanto, no reduce la responsabilidad de la industrialización moderna, sino que la coloca dentro de una trayectoria histórica más larga.

PeriodoQué muestra el hielo de GroenlandiaPosibles fuentes
Hace unos 11.700 añosInicio del Holoceno registrado en el núcleoProcesos naturales y cambios climáticos
Hace unos 4.000 añosPrimeras señales humanas relevantes de mercurioMetalurgia de la Edad de Bronce, cobre, estaño, cinabrio
Desde el siglo XIIIAumento aproximado de 2,7 vecesMinería, metalurgia y expansión económica preindustrial
Desde 1840Aumento aproximado de 7,4 vecesRevolución Industrial, carbón, industria metalúrgica
Siglo XXINecesidad de medir eficacia de políticas globalesConvenio de Minamata y reducción de emisiones

Qué papel tuvieron los volcanes Laki y Novarupta

Una de las partes más importantes del trabajo es metodológica: los científicos no se limitaron a encontrar mercurio en el hielo, sino que intentaron diferenciar qué parte podía explicarse por causas naturales y qué parte por actividades humanas. El mercurio existe de forma natural en la Tierra y puede liberarse por erupciones volcánicas, incendios y otros procesos geológicos. El estudio identifica picos naturales vinculados a grandes erupciones, entre ellas la del volcán Laki, en Islandia, en 1783, y la del Novarupta, en Alaska, en 1912. Esa separación es clave para evitar una lectura exagerada o incorrecta del registro. 

La presencia de volcanes en el registro confirma que el hielo groenlandés conserva tanto eventos naturales de alta intensidad como señales humanas acumuladas. Esta doble lectura refuerza la utilidad de los núcleos de hielo para reconstruir la historia ambiental del planeta. Si un pico coincide con una gran erupción conocida, puede atribuirse con mayor seguridad a una causa natural. Si la tendencia crece durante siglos y coincide con expansión minera, metalúrgica o industrial, la interpretación humana gana peso.

Por qué el mercurio preocupa a la salud pública

El mercurio es un metal tóxico con capacidad de desplazarse por la atmósfera y depositarse en océanos, ríos, suelos y cadenas alimentarias. Una vez en ecosistemas acuáticos, puede transformarse en metilmercurio, una forma especialmente peligrosa que se acumula en peces y aumenta su concentración en especies grandes y longevas. Por eso el problema no se queda en la historia climática: afecta a la seguridad alimentaria, a la salud pública y a la gestión de emisiones actuales. La exposición prolongada al mercurio se asocia a riesgos neurológicos y cardiovasculares, especialmente en poblaciones vulnerables. 

El estudio de Groenlandia ayuda a entender cuánto mercurio de origen humano puede estar circulando o depositado en el medio ambiente. Esa información es importante para ajustar modelos de transporte atmosférico, calcular fuentes históricas y evaluar políticas de reducción. En términos prácticos, no basta con saber cuánto se emite hoy: también hay que comprender cómo se acumuló el contaminante durante siglos. El hielo ofrece esa perspectiva larga que los registros industriales modernos no pueden dar por sí solos.

Lista de claves del hallazgo:

  1. El núcleo de hielo procede del este de Groenlandia y alcanza 1.250 metros de profundidad.
  2. El registro cubre prácticamente todo el Holoceno, unos 11.700 años.
  3. Las primeras señales humanas de mercurio aparecen hace unos 4.000 años.
  4. Las fuentes probables incluyen metalurgia de cobre y estaño y uso de cinabrio.
  5. La acumulación se multiplicó por 2,7 desde el siglo XIII.
  6. Desde 1840, el aumento fue de unas 7,4 veces.
  7. El análisis permite distinguir parte de la señal humana de grandes erupciones volcánicas.
  8. El hallazgo puede ayudar a evaluar el Convenio de Minamata, vigente desde 2017.
  9. La investigación muestra que la contaminación humana tiene una historia más larga que la industrialización moderna.

Qué significa para el Convenio de Minamata

El Convenio de Minamata sobre el Mercurio entró en vigor en 2017 con el objetivo de proteger la salud humana y el medio ambiente frente a emisiones y usos de este metal tóxico. El nuevo registro de Groenlandia puede ser útil para evaluar si las políticas actuales reducen realmente la carga de mercurio en el sistema terrestre. Para medir el éxito de un acuerdo internacional no basta con observar emisiones recientes: también es necesario conocer el fondo histórico, los depósitos acumulados y la diferencia entre fuentes naturales y humanas. Ahí es donde el núcleo de hielo aporta una base científica especialmente valiosa. 

La investigación no presenta el pasado como una anécdota, sino como una herramienta para mejorar decisiones actuales. Si los modelos ambientales subestiman la cantidad de mercurio generada por actividades humanas a lo largo de milenios, también pueden fallar al calcular cuánto queda en circulación. Los autores sostienen que una reconstrucción larga y de alta resolución permite afinar esas estimaciones. En un contexto de pesca global, consumo de grandes especies marinas y contaminación transfronteriza, esa precisión es decisiva.

La lectura científica: no es una historia de culpa, sino de escala

El núcleo de Groenlandia muestra que la huella humana sobre la atmósfera empezó antes de lo que suele imaginarse en el caso del mercurio. La Edad de Bronce no produjo una crisis industrial, pero sí dejó señales químicas capaces de llegar al Ártico. La industrialización, por su parte, multiplicó esa huella y convirtió un rastro antiguo en una acumulación mucho más intensa. La diferencia entre ambos periodos es de escala, velocidad y volumen, no de existencia o inexistencia de impacto humano.

Esta lectura es importante para el debate público porque evita dos errores. El primero sería pensar que toda contaminación es exclusivamente moderna y que antes de las fábricas no había impacto ambiental relevante. El segundo sería relativizar la responsabilidad industrial porque existen señales antiguas. El estudio obliga a una interpretación más precisa: las sociedades humanas modifican su entorno desde hace milenios, pero la industrialización aceleró de forma drástica la magnitud del problema.

Preguntas y respuestas

¿Qué descubrió el estudio en Groenlandia?
Descubrió que un núcleo de hielo de 1.250 metros conserva señales de contaminación humana por mercurio desde hace aproximadamente 4.000 años.

Dónde se publicó la investigación?
El estudio fue publicado en la revista Science Advances, en mayo de 2026, bajo el título Mercury accumulation over the Holocene revealed from a Greenlandic ice core. 

Por qué se habla de la Edad de Bronce?
Porque las primeras señales humanas relevantes coinciden con actividades de ese periodo, como la metalurgia de cobre y estaño y el uso de cinabrio.

Qué ocurrió desde 1840?
La acumulación de mercurio se multiplicó por 7,4, coincidiendo con la expansión industrial y el uso masivo de combustibles fósiles.

Por qué importa hoy?
Porque el mercurio sigue siendo un contaminante tóxico, puede viajar grandes distancias, entrar en la cadena alimentaria y afectar a la salud humana.

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